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Este foro de rol está basado en el mundo del manga y anime del mangaka Masashi Kishimoto, es decir, Naruto y Naruto Shippuden. La trama y ambientación del foro, si bien se basan en el mundo del mencionado autor, fueron pensadas por Emiya Ichiro y Seijuro Akagami.
Las guías y jutsus del foro fueron elaborados por el staff del foro pasado y actual basándose en la Wiki de Naruto.
Las imágenes y gráficos del foro fueron editados por Dragón, que usó las imágenes que se encuentran en las diversas páginas web como Deviantart y Zerochan.
El skin y las tablillas fueron elaborados por Astrid que ha recurrido al Foro de Asistencia y a los tutoriales de Source Code, The Captain Know Best, Glintz y Serenditipy.



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Evento Kiri; Condenados... ¿Por la gloria?

Mensaje por Narrador Rises el Dom Mayo 14, 2017 4:57 am



Condenados por la ¿Gloria?
Lluvia. Lluvia que moja todo lo que toca, con el atrevimiento de no pedir permiso, se mete por cada partícula de espacio que encuentra, sin pedir permiso, otra vez. Lluvia. El cielo gris, dicen, llora a sus caídos. Particularmente en aquel día, la aldea se despertaba en tranquilidad, fría por la temporada y tétrica con su niebla. Los pocos transeúntes que surcaban las calles, lo hacían parecer una danza antigua, lenta pero con un flujo continuo. Lluvia. Y la Lluvia los obligaba a llevar paraguas, o bien, ropas impermeables.
Cualquiera que permanece absorto de sucesos y noticias actuales, diría que aquel día era como los demás. Jornada fría de invierno que, era ideal para quedarse en su hogar, calentando sus tripas con una infusión caliente y leyendo algo de interés… Pero otros, esa élite que detrás de escena hace movimientos especulando lo que va a pasar, manipulando a su antojo sucesos importantes, esa élite, sabía muy bien qué día era el actual. Toda la aldea lo sabía. -¡La sombra ha caído!- Fue el peculiar grito desgarrador desde la entrada de la villa, que hizo un eco en los pechos del poblado a medida que la noticia se esparcía como un susurro lejano, a los oídos incluso de los que encerrados en los confines detrás de un muro, de más de sesenta centímetros de grosor, aguardaban tales palabras. De esto ya, semanas. Duras las semanas que pasaron tanto familiares como amigos y allegados. La ausencia no es otra traicionera situación de la vida que te hace recapacitar “¿por qué él, y no yo?”. La respuesta de insensibles sería que “porque no es tu tiempo aun”, palabras sobradas, como si las hubieran sacado de un libro simple y barato titulado “Mil formas de consolar”. Para muchos, las palabras no bastaban entender aquella pérdida importante… Otros sabían que era momento en que su telaraña tomaba forma, para hacer a gusto lo que quisieran con el tan dichoso poder que ahora disponible estaba. Al mejor postor, al mayor tirano… ¿Quién ocuparía aquel trono usurpado por conspiraciones? Kanesada el Señor Feudal, con su cabello oscuro y sus orbes celestes como el cielo, debía elegir un regente interino durante lo que dure el juicio, el primer nombre que surgía era nada más que el líder de los espadachines de la niebla, ¿Por qué? Simplemente parecía el más idóneo, hasta el momento en que información confidencial llegó al Señor Feudal. Fue así como la idoneidad pasó desde manos de un espadachín, a unas delicadas pero no menos mortíferas manos. Okita Mitsuba. Una mujer esbelta, con sabiduría a rebosar y que podía ser explotada al mismo nivel que el Tyrell quizás. De sobrino a Tía, el poder fue así… Un pasamano temporal, hasta que una nueva sombra sea la definitiva.

Los sucesos de un baile teñido de sangre, una simple festividad que marcaba el comienzo de quizás, una nueva era, mostraban al mundo rostros que el día de mañana podrían considerarse rufianes o libertadores, cualquiera fuera el caso, donde hay delito, hay culpables, y no importa el porqué de sus acciones, deben responder ante una sociedad que vio violada los principios que les rige, normas de convivencia entre pares, sea por costumbre o un cuerpo codificado que castigue a quienes infrinjan sus preceptos.
Así fue como aquel día, era tildado de “EL” día. Como si se considerara una fecha para recordar durante mucho tiempo. El día en que los causantes de la muerte del líder eran llevados a juicio… En un principio muchos se preguntaron ¿Cómo lo supieron? Ciertamente, las capas celestes poseían la información. Alguien quería atentar contra el Mizukage. En cualquier momento el golpe sería dado, jamás se pensó que sería fuera del territorio nacional y mucho menos llevado a cabo por los mismos que servían al tirano, considerado  así por los feudales. Estas ideas eras meras especulaciones que los capas celestes tenían, puesto eran ajenos a lo acontecido hacía tres meses atrás.
No obstante, los responsables, en su arribo a la ciudad habían sido detenidos e interrogados por los acontecimientos, siendo señalados como los cercanos a Tyrell durante los sucesos de la fecha festiva a la que habían concurrido y además siendo los mayores sospechosos del atentado contra la sombra mayor. La sociedad a gritos pedía un juicio a aquellos sujetos, coronados como los mayores bastardos de la historia del país.

Un juicio de aquella índole, correspondería a que sea llevado a cabo en un lugar público, con el pueblo observando la trayectoria del proceso. Sin embargo, no fue así. Había acusaciones delicadas contra los feudales y se temía por la vida de los enjuiciados. No se quería generar un caos público y que aquello terminara en una revuelta social en las calles… Se optó entonces por lo más lógico. Juicio a puertas cerradas. Solo un sector de la élite, tanto feudal como militar, y algunos civiles, llevarían el prestigio de veedores para aquel histórico suceso.
La metodología utilizada sería de máxima seguridad, había alerta de que los sospechosos escaparan, por lo que no solo se verían restringidos físicamente de movimientos mediante chalecos de fuerza, sino que se les aplicaría también un sello de contención de chakra durante el traslado de la penitenciaría hasta el edificio central de enjuiciamiento. Además de estas medidas sobre los enjuiciados, alrededor de la construcción que sería la sede del juicio se dispondría de una barrera para que nadie pudiera salir o entrar de la misma. Aquellas medidas de seguridad fueron sugeridas por Mitsuba, esperando que los sujetos intentaran escapar dándole un motivo para aniquilarlos aquel mismo día, sumida por la discordia de sus actos, por más que no fueron acusados completamente de la culpa… Hasta ese día.

El lugar donde se llevaría a cabo el juicio, se posicionaba en la aldea, junto al edificio del Mizukage. La seguridad del lugar era abundante, más aun en este día, donde la misma seguridad estaba triplicada. Un equipo especial de sellado había sido convocado una semana antes para comenzar los preparativos de una barrera que impidiera que cualquiera entrara o saliera de la edificación, sin el permiso de la ahora Mizukage, Mitsuba Okita. La barrera de quinto nivel consistía en una capa amarilla, todo lo que tuviese contacto con ella, se desprendería en partículas por lo que cruzarla tendría un final atroz. Las calles contenían más movimiento que lo usual a medida que la hora del juicio llegaba a su comienzo… Había mucha expectativa para aquel día. Y las fuerzas militares estaban constantemente en alerta, no había nada que pasase desapercibido en aquella jornada, todo era tomado en cuenta e informado a Mitsuba.

Pasadas tres horas desde el amanecer, fuera de la edificación que tomaba por área propia una cuadra, justo frente a la entrada donde comenzaría a verse reflejada la barrera una vez ingresado todos los citados, se situaban varios vecinos del lugar y otros ciudadanos. Todos expectantes de la llegada de cada individuo. La primera en llegar, por así decirlo, había sido nada más y nada menos que la misma Mitsuba, acompañada por fuerzas especiales Anbu, y otros ocho desconocidos. Al verle, los murmullos comenzaron. Ella era observada, parecía que de repente los años le golpearon, o bien, una noche larga donde el sueño no concilió con su mente que trabajaba en los detalles finales para aquel día. Antes de ingresar por la puerta de abedul con engarces de acero y inscripciones de la lengua, se detuvo en seco, viró sobre su persona y comenzó con las indicaciones mudas para aquellos que estuviesen remotamente separados por lo que es conocido como un camino, o calle. La calle “mayor” la llamaban y allí era donde todos los caminos de la aldea desembocaban.

Las horas pesaban en los corazones de los ciudadanos, mas era difícil de decir eso sobre los acusados. Con el tiempo, la puerta se fue abriendo tras cada llegado, hasta que los ocho anteriores que habían acompañado a Mitsuba, se posicionaron en las esquinas de la edificación, y así bajo la lluvia que aminoraba su caída, esperaron la señal.
Dentro del recinto, una vez cruzada la gran puerta de abedul, lo primero que encontrarían sería un largo recinto rodeado de columnas cilíndricas de un color grisáceo. El techo en aquella sala, contaba con un candelabro de ocho velas, todas encendidas en el círculo, el cielo raso contaba con una magnífica obra de arte, pintada quizás en los años de gloria de la aldea. Mostraba una gran batalla con diversos caídos en batalla, otros empuñando espadas, garrotes y más de uno empleando un ninjutsu, y al final del corredor, una eminencia resplandeciente ¿El primero de las sombras? Con rostro clemente y apacible, con la vista parecía perseguir a quienes lo observaran constantemente. ¿Tenía vida acaso? Muchas podían ser las dudas, pero lo que no es de dudar, era el cerámico sobre el cual muchas personas hubieron caminado, negro y blanco, el brillo era incandescente y reflejaba algunas luces de velas, otras de la iluminación de los pilotes principales de la estructura.
Una nueva puerta se alzaba ahora al final de la gran sala, similar a la entrada, solo un poco más pequeña. Detrás de ella, la sala contenía muchas similitudes con la gran, solo que en ella los pilotes eran reemplazados por bancas largas de maderas oscuras, el olor podía asimilarse al mismo de una biblioteca, a vejez de objetos. Los asientos se encontraban divididos en dos lados de la sala, el de la izquierda, era para aquellos que creían en la inocencia de los acusados, el de la derecha, todo lo contrario y alguna que otra capa azul sentada allí esperaba la hora. Delante, al frente de todo, la sección de invitados se encontraba separadas de la de acusados por una estrecha barra de madera con una compuerta. Y luego venía el asiento principal de acusados, de frente a una gran estructura de madera maciza, oscurecida por la edad. Allí, sobre el estrado una eminencia aguardaba sentado, inmóvil e inverosímil, pues sus cabellos blanquecinos parecían provenir de los mismísimos picos de las montañas nubladas, su piel arrugada por los años parecía que bastaba un soplo para que se convirtiera en polvo. Y allí, solemne aguardaba. A su diestra, el lugar permanecía vacío, lo mismo con la siniestra. Parecía que las entidades que ocuparían los lugares tardarían en llegar.

Fuera del recinto una campana sonó, la señal había sido dada. Por la calle principal un gran batallón de ninjas de alta estirpe de la aldea rodeaba a seis personas, como haciendo una barrera humana evitando que cualquier intrépido interrumpiera la marcha o causara un mal irreparable sobre los escoltados. Esas seis personas, todas permanecían encapuchadas, los del frente, con capas grises, gastadas y andrajosas. Parecía que con ello se trataba de identificar a los sujetos con una clase inferior a lo que es una clase baja de la sociedad. Ellos llevaban en sus cuellos unas particulares cadenas violáceas y resplandecientes, una técnica antigua de del clan Uzumaki, pero servía, ante cualquier intención maliciosa, se verían privados de movimientos, pues el peso de aquellas cadenas podía asimilar la carga más pesada del mundo, si así los creadores lo deseaban. A raudo paso avanzaban, sin trastabillar, impulsados por la necesidad de llegar a la edificación conocida como “magistrado de guerra”. No había nombre más adecuado para un edificio, donde se juzga tanto a la imprudencia, impericia o negligencia de shinobis, como al mismísimo Kage.
Con sus identidades ocultas, llegaron al fin a la gran puerta, allí el veintenar se disolvió. Solo los seis, más otros diez ingresarían. Los restantes de la marcha permanecerían en la puerta. Una segunda campana sonó, con un chasquido, un único eco, y de pronto como un brillo del ocaso, sobre todo el inmenso edificio, rodeándolo, una capa naranja transparente, como un halo de ángel, se construyó. Como prueba de su potencial ante las gentes que fuera observaban anonada, uno de los guardias fuera de la barrera tomó una roca pequeña y la arrojó contra la capa. Un chispaso, y lo que ingresó fue nada más que un polvillo grisáceo que se mantuvo unos instantes suspendido en el aire, hasta desaparecer. He aquí una prueba de lo que sucederá si alguien intenta ingresar. Imperativo fue el grito de aviso, y un murmullo recorrió la multitud, seguida de un silencio sepulcral. Allí aguardarían los citadinos, noticias del juicio que estaba próximo a comenzar.

Era ya mediodía, y dentro, en la sala de juicios se escuchaban los susurros y parloteos pero una vez que los acusados cruzaron el umbral, los ojos se convirtieron en avispas con filosos aguijones doble. Intentaban penetrar a los llegados, y escrutar la verdad de lo que sucedió hacía ya tres meses.
Avanzaron por la sala lo que pareció una eternidad, y llegados al fin a sus sitios, los sentaron. Mientras, los carceleros, de rostros tapados y cabellos atados, permanecieron detrás, con sus cadenas de chakra.
La seguridad estaba redoblada, entre los civiles y militares, camufladas, las fuerzas especiales del Kage itinerante aguardaban movimientos bruscos. Los últimos en ingresar no habían sido los acusados, sino que una vez más la puerta se vio abierta, y a través de ella, majestuosas figuras ingresaron. La determinación del primero centellaba en sus ojos, encendidos con el fuego de un volcán en erupción, y agraciado el color marino de ellos. Los cabellos trenzados danzaban levemente con el caminar de sus vestimentas rojizas. Al cruzar por el costado de los acusados, les envió, sutilmente una mirada distinta, no era preocupación, sino un mensaje, mensaje de esperanza. ¿Por qué?...
Detrás de él, manto blanco que cubría todo el cuerpo de una joven, no tan jovial. Sobre su cabeza el sombrero, con el Kanji Agua. Su rostro demostraba cierto cansancio, pero los ojos estaban en calma y escrutaba todo donde se posaba. Indicios de problemas, traición o corrupción. Nada pasaba desapercibido para ella, incluso la mirada que Kanesada, Señor Feudal, les daba a los acusados. Sus sospechas eran inminentes, pero no era el momento de actuar… ¿Qué estaba planeando?...
Uno creería que la sala estaba completa pero no fue así, detrás de los grandes pilares de la nación aparecieron dos seguidores más. Los cabellos albinos de uno, clavó su mirada fría al ingresar, en uno de los acusados. A ese que en su poder tenía una de las siete, mas ella no estaba presente, era menester que nadie asistiera con armas, pero él fue la excepción. Capitan de armas, jefe de espadas. Kensuke, adiestrador del arte espadachín. Tomó su lugar junto a Mitsuba, del lado derecho, o bien a la siniestra del anciano que aguardaba con paciencia. La última persona en ingresar, pasó totalmente desapercibida, no hizo más que con la cabeza gacha, sentarse junto a Kanesada… Allí pareció desplomarse en el asiento, y dormirtar.

He aquí, el comienzo y fin… Larga la jornada, también la pena sobre el corazón de algunos. Severo y profundo fue el tono de voz que emanó del principal sujeto en el estrado. He aquí los acusados de traición. Frente a este solemne Juez, yo, Kel’thuzad exijo… Aquel entre los acusados que quiera declarar o bien darse como culpable, ponga su mano en alto. Nuevamente la voz resonó solemne en la sala, pero no hubo eco, ni murmullos. Solo silencio, y así permanecería unos segundos hasta que alguien aclarase su gargante, no fue ninguno de los acusados, sino que el mismo Kanesada, a la diestra del Juez, a la izquierda de los presentes que tenía de frente. Ciertamente me gustaría decir unas palabras, señor Juez. Mencionó con melosa voz, endulzando a todos los presentes, excepto Mitsuba que no se confiaba de lo que oía.
Nuestros acusados, temo no responderán. Lo haré yo por ellos. Pues en nuestra costumbre antigua, ante acusaciones similares los presuntos culpables eran representados por un externo, y siento que no honramos la historia, las costumbres, moral y buena fe por la cual nuestros antepasados se rigieron. Habiéndose erguido, y dando pasos frente al estrado, había comenzado sin dejar que el Juez mediara palabra alguna para darle el permiso. Hubo un murmullo leve entre los civiles, pero pronto todo fue calma. ¿Qué pretendía así, el intrépido Kanesada?
Off rol
- Tendrán de 48 a 72 horas para responder a partir del primer post.

- La 1era fase durará un total de dos turnos y estará centrada en el inicio del conflicto.

- La trama durará lo que se tarde en dictar sentencia, más hay un limite de cuatro turnos, con la posibilidad de extenderse a un quinto. Todo dependerá de la calidad del rol llevado a cabo, y de sus acciones. Tengan en cuenta que la lógica para este tema será importante, siendo que todo lo que acoten, hagan o digan, repercutirá en el mismismo rol. Tengan cuidado.

- Al finalizar la trama, se otorgara como recompensa una cantidad de experiencia y ryus substancialmente mayor a la otorgada por temas convencionales. La cantidad especifica para cada uno, aunque proporcional a su rango, podrá ser afectada por su desempeño durante las distintas fases, de modo que aquellos que abandonen recibirán menos, los que se mantengan la cantidad por defecto y los que destaquen una bonificacion, esto, siempre respetando un espectro de cantidad definido. Para mayor exactitud, las formas de dar con tal bonificacion se verán definidas en el tema de premiación.

- La Trama ocupara el PRESENTE de todo aquel que participe en ella, de modo que en todo momento se correrá el riesgo de morir, no importa en cual de sus fases se encuentren.

- Narrador, como guía indiscutible de cada evento on-rol, tiene la libertad de tomar medidas acorde a lo "razonable" de llegar a observar irregularidades entre los participantes.

-Acciones violentas o sospechosas pueden provocar una finiquitación de sus vidas, sean cautos.

Jutsus:
Kongō Fūsa (金剛封鎖, Cadenas de Sellado de Diamantina)
Este justu consiste en que el Chakra del usuario se moldea en forma de cadenas que después de materializarse pueden ser utilizadas para distintos fines, tales como restringir físicamente a un objetivo o combatir de manera directa. Mediante la utilización de estas cadenas, el Uzumaki adquiera la habilidad de levantar una poderosa barrera, la cual impedirá a cualquier persona el entrar o salir del perímetro establecido con las cadenas. Una vez invocadas las cadenas, la técnica tiene una duración en el campo de hasta 3 turnos, luego de lo cual no puede ser usada durante otros 3, hasta completar un total de 2 usos máximo por combate. Las cadenas también pueden ser utilizadas como herramienta para sellar, formando un sello barrera de hasta 50mt de radio que sin problemas es capaz de retener a un bijuu como el Kyubi.

Barrera Primitiva;
El jutsu consiste en una barrera a base de los cinco elementos conocidos como los básicos. Fuego, Agua, Viento, Roca y Rayo. Para ello es necesario que más de un shinobi conozca la técnica y entre ellos haya diversidad de elementos. Es una técnica considerada Kinjutsu, puesto a sus efectos. Todo lo que intente atravesar la barrera será reducido a cenizas.
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Re: Evento Kiri; Condenados... ¿Por la gloria?

Mensaje por Chojuro el Lun Mayo 15, 2017 9:58 pm

Días antes ....



Entre la niebla, dos sombras caminan por la playa con suma tranquilad, uno de ellos sonriente portando una gran espada a sus espaldas, con el cabello blanco como la misma nieve y la tez pálida cual moribundo. Él otro, simple más no tranquilo, camina a su costado izquierdo, este personaje con los cabellos oscuros como la noche y los ojos entre cerrados cual "asiático" comenta algunas palabras que realmente a este punto son irrelevantes. Ambos, de la nada, detienen su avance en seco dejando que sus pies se hundan tan solo un poco en la arena que les rodea. La marea se extiende casi hasta tocar el punto en el que ellos aguardan pacientes. Un figura delicada aparece frente a ellos, de melena larga y amarilla cual sol, una joven de no más de dieciocho años les comenta algunas palabras mientras sin realizar ningún ademán aguarda la pronta de respuesta de ambos sujetos, que tras un par de meses de espera al fin se dan cuenta del como serán las cosas a partir de ese momento. Uno de ellos menciona algunas palabras antes de retirar su gran espada de su funda. Le toma con cariño antes de hacerle entrega de la misma a aquella joven que con duda termina por recibir la misma. Y así, tras decir un par de palabras antes, la joven desaparece nuevamente de la escena con aquella arma. Suelta un suspiro y se sienta en la arena fijando su vista en el basto océano, la marea crece nuevamente mientras el agua moja los pies del mismo, el pelinegro como en toda su historia le acompaña.

Sombras de entre los arbustos aparecen, crueles, inhumanos, todos portando espadas, lanzas y algunos kunain en ambas manos, todos encapuchados rodean a aquel par, los cuales, se limitan a observar la lejanía. El pelinegro quizá pretende atacar, tal vez no, más el albino tras musitar una sola palabra, detiene el ataque, ¿por qué convertir aquel lugar tan bello en una zona de pelea sin razón? Simplemente con una sonrisa postrada en sus labios levanta su cuerpo y sacude un poco el ropaje que porta. Levanta sus manos en señal de rendición y comienza a caminar sin más, los ninjas atacantes simplemente escoltan a la pareja a un lugar desconocido.


.... Actualmente.


Las gotas marchitas del día esperado caen y resuenan incluso a través del cemento que les rodea. Una amplia celda sin más que dos camas simples, un baño y varios dibujos grabados en las paredes, solo los separan las rejas de metal de la libertad. Los dos sujetos previamente capturados aguardan el día de su juicio, en las calles la gente corre para llegar hasta el edificio en el que serán acusados los que ahora conocen como la peor escoria del país. Los Anbu y demás shinobis de alta categoría comienzan con los preparativos, rodean y surcan un perímetro entre las personas comunes y los que no lo son. La calle amplia, larga, rodeada por ambos extremos de muchas personas que observan el final de la misma. Comienza desde el edificio en el que los grandes líderes del país yacen a la espera de los acusados y termina finalmente en la cárcel que los resguarda, todo un pasillo amplio que será la senda que tendrán que recorrer aquellos que inculpan.

Chojuro, por un lado, se encuentra sentado en una de las esquinas de su "cuarto privado", con la cabeza agachada en el suelo, no menciona ninguna palabra. Al otro extremo, su compañero el cual espera de la misma forma la llegada de quienes serán las escoltas oficiales de ambos shinobis, y hasta la fecha, probablemente de otros tantos más. Dos guardas, cubiertos por la típica túnica Anbu llegan al frente de ellos y pasan un par de atuendos viejos cual vagabundo entre los barrotes de la celda. El Senju sonríe con tranquilidad mientras se dispone a ocupar aquella ropa, casi como si no le importase que intentaran doblegar su espíritu. Coloca bien la primera camisa para restringir su movimiento no sin antes pedir la ayuda de uno de los guardias, con el cual juega y se divierte más el mismo solo se limita a observarlo con desagrado. Una vez colocada aquella prende,deja caer sobre si la túnica rasgada, la huele un poco mientras el peculiar sabor amargo de la sangre recorre sus fosas nasales, continua con aquella sonrisa hipócrita.

Una cadena los envuelve permitiendo así solo el avance de sus pies, es entonces cuando comienza la larga caminata entre la prisión que resguardaba a varios personajes que en el pasado el mismo albino había encerrado en aquel lugar, una luz opaca se ve antes de salir por la puerta principal del sitio, y, una vez que el frío invernal  tocas sus mejillas puede sentir al fin el dulce exterior de su aldea, observa a los costados en donde ciudadanos observan a los "culpables" con odio y rencor, el más puro desprecio, algunos otros con tristeza y melancolía, intentando demostrar su empatía. El albino camina entre aquella larga calle seguido por su compañero, Ranpo, siempre, manteniendo esa sonrisa que lo caracteriza y con la vista al frente, ignorando a todos los que lo rodean y observan. El camino de por si extenso, se siente más largo de lo común, la presión, el odio en las miradas, la frustración, mientras más avanza el albino más pesada es aquella carga que porta en los hombros ... O tal vez sean las cadenas innecesarias (Yohohoho). Antes de entrar en el edificio que definirá su futuro, gira un poco la vista a su lado derecho, en el que una figura conocida le observa, acompañada por un gran hombre encapuchado aquella rubia portando la espada en su espalda le mira con miedo, intenta no transmitirle aquel sentimiento a través de sus ojos más resulta imposible. Teme por la vida de su compañeros, pero a ese punto no se puede hacer nada, fueron las órdenes del peliblanco, el cual, se limita a cerrar sus ojos y sonreirle para así continuar con su avance. Sin embargo, entre la gente se camuflajean otros tantos encapuchados a la espera de lo que podría ser una señal, incluso, entre los shinobis que resguardan la seguridad en los techos, se encuentran mezclados unos de esos compañeros de causa del mismo albino, toda la aldea está presente y junto a ellos, Infernum también.

Las puertas del recinto se abren de par en par dejando mostrar el interior de aquella gran edificación construida en el pasado de la aldea, inmensa, el albino observa todo al rededor, el techo, aquel candelabro, algunos adornos que acompañan la habitación y sin importarle realiza su primer movimiento. - ¡VAYA, QUE GRANDE ES! - Comenta alegre. - ¡¿Ya viste Ranpo? Es enorme! - Continua sin temor cual niño. - Nunca había sido enjuiciado, ¿de verdad se tomaron tantas molestias por nosotros? - Prosigue irónico con un par de lágrimas en su rostro. - Aunque, ¿de verdad eran necesarias las cadenas? - Al fin, después de un tiempo el albino habla, mostrando aquella típica personalidad despreocupada incluso en la peores situaciones. Tras unos minutos toma el asiento correspondiente y observa a aquel que será su juez y probable verdugo. Tras unos minutos el juez comienza  a hablar, menciona un par de palabras y al termino de las mismas el albino vuelve a soltar un comentario. - Espere, honorable juez Kel ... Kel ... Kel alsdkj, ¿y si yo tengo ganas de ir al baño? ¿levanto la mano también? Tal vez el pie, creo que debería ser un poco más específico sobre las reglas. Tal vez pueda salir y entrar del estrado para ir al baño. - Divaga un poco a punto de huir de aquel sitio, pero antes de continuar con su escena una voz le interrumpe de golpe, aclarando su garganta primeramente, el hombre que controla todo desde las sombras, el mismísimo señor Feudal del país del agua, Kanesada, aquel pelinegro de semblante oportuno, sería el encargado de defender a los acusados, sin embargo, las dudas surgen en la mente del albino, ¿por qué aquel hombre estaría dispuesto a defenderlos? Por otro lado, su vista observa de reojo a aquel líder que le obsequió la espada que ahora mismo no porta, Kensuke, el líder de los espadachines, su compañero, ¿estaría molesto? No lo creía, no al menos Chojuro, pues como bien se sabía, aquel hombre estaría feliz de ocupar el puesto de Mizukage que ahora mismo aquella mujer portaba.

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Re: Evento Kiri; Condenados... ¿Por la gloria?

Mensaje por Adlet el Jue Mayo 18, 2017 8:23 am

Días antes…


El día se presentaba frio, con una ligera capa de niebla que cubría las calles y a los transeúntes que caminaban envueltos en pesadas ropas de abrigo. Muchos de ellos optaban por elegir un café o un bar de la ciudad para poder escapar del frio que hacía en el exterior. Ese fue el caso que llevo al pelinegro a entrar a un café desconocido para su persona que se hallaba en una simple esquina. Buscando algo caliente para devolver el calor a su cuerpo, se sentó en una mesa cercana a la ventana y al momento de ser atendido solicito un café. Mientras lo preparaban no pudo evitar tomar uno de los periódicos que había en una mesa aledaña para comenzar a leerlo por encima. Una a una fue pasando las hojas hasta dar finalmente con una noticia levemente interesa mente que comenzaría a leer de manera concentrada –Las noticias mas importantes, muy pocas veces son publicadas en el periódico- Comento una voz conocido, un tanto aspera y consumida por varios años de fumar. Levantando la mirada, pudo apreciar a un hombre de edad avanzada y mirada bastante severa. Este vestía lo que parecía ser una gabardina de cuero que lograba hacerlo parecer aún más amenazante, si es que con su tamaño y gesto malhumorado no lo hacía antes. Quitándosela, la coloco sobre el respaldo de la silla vacía de la mesa del pelinegro y se sentó –Hace poco tiempo me entere que regresaste al país y creo que es necesario que te ponga al tanto de todo lo que ha sucedido- Unos segundos después el mozo apareció con una pequeña taza de café para Adlet, el recién llegado pidió una para si también y le hizo una seña al empleado para que se retirara. Una vez que contaron con cierta intimidad comenzó a relatar los últimos sucesos acontecidos en el tiempo que estuvo afuera, al igual que información de último momento concerniente a la muerte del Mizukage –Actualmente las fuerzas de la aldea están yendo al encuentro con los principales sospechosos de la muerte de Tyrell. Espero que sean lo suficientemente inteligentes como para no causar problemas al momento de ser apresados- Cruzando una de sus grandes piernas sobre otra, dio un largo trago a su café disfrutando el fuerte sabor al igual que el calor que recorría toda su garganta – En el registro del barco que abordaron en dirección al país de la tierra, aparecía tu nombre y si estás aquí es porque has sobrevivido a lo que sucedió en el baile. Por ello me gustaría que participaras como testigo en el juicio que se realizara en los proximos días, puede que tengas alguna clase de información que pueda ayudar a encarcelar a estos traidores- Por supuesto que la tenía, gracias a los hechos vividos en primera persona y aquella misión que le fue encargada por los capas azules para demostrar la intención oscura que tenían los feudales con respecto a toda aquella situación –Participare, hace tiempo que quiero presentar la información que tengo al mundo- Puntualizo Adlet mientras le daba un largo sorbo al café y dejaba la taza vacía sobre el pequeño plato sobre la cual la habían traído. Dejando un poco de dinero en la mesa, se levantó y comenzó a ponerse la ropa de abrigo para marcharse – Aprovechare este tiempo para preparar mi discurso y planificar lo que diré-.

.... Actualmente


Los dos días pasaron celeridad para el shinobi de Kiri que paso aquel tiempo principalmente encerrado en su casa, entre papeles y café. Observando el reloj que se colgaba sobre el marco de la puerta de su hogar pudo ver que faltaban aproximadamente unas dos horas para que el juicio comenzara de una vez por todas. Siendo consciente de que la noticia ya se había propagado por toda la aldea estaba seguro de que la gente buscaría estar presente ante las puertas del palacio de la justicia al no poder formar parte del mismo ya que sería realizado a puertas cerradas. Sabiendo que luego tendría problemas para pasar por entre las grandes multitudes que avanzarían en aquella dirección, comenzaría a ordenar los papeles y limpiar todo el desastre ocasionado por descuidos suyos o por la presencia de la gata que vivía con él. Esta reposaba ahora sobre unos papeles que hablaban del baile rojo y las personas presentes que él pudo identificar. Estirando su mano en dirección a sus orejas comenzó a realizarle unas caricias por detrás de las orejas, lo que llevo a que se despertara con un gran bostezo y un suave ronroneo demostrando cuan a gusto se encontraba –Si me sucede algo, busca alguien que te cuide como yo lo hice- Dijo en un tono un tanto nervioso y preocupado. Esto se debía en gran parte al hecho de que sabía que todo aquel acto escondía un peligro un tanto incierto, después de todo seguramente habría grandes fuerzas que tratarían de ayudar a los acusados y evitar que estos terminaran en prisión. Mirando el reloj una última vez, se levantó de su asiento y comenzó a ponerse en movimiento, un largo día lo esperaba después de todo.

Al llegar a la zona donde se celebraría el juicio vio como las grandes multitudes de gente comenzaban a reunirse en torno a las puertas, a la vez que observaban como la Mizukage temporal llegaba a escena con un grupo de ocho personas desconocidas. Ni bien apareció en escena varios murmullos y cuchicheos comenzaron a escucharse a su alrededor, este decidió no prestar demasiada atención a ellos y prefirió avanzar entre la gente hasta llegar a la parte delantera y mirar a las importantes figuras que comenzaban a entrar al palacio. Siguiéndolas  muy de cerca, antes de que la barrera se cerrara, este le mostro a uno de los guardias un permiso especial que le otorgaba la capacidad de estar presente en el juicio. Ya adentro no pudo evitar prestar atención al opulento, y un tanto sobrecargado, estilo de decoración que la sala principal presentaba gracias a sus pinturas en paredes y techos, al igual que un imponente candelabro que alumbraba la sala. Atravesando otras puertas, el grupo de personas llegaría a una sala similar a la anterior aunque con un tamaño reducido, poblada de grandes bancos de madera para que el público se sentara. Un ligero olor que recordaba a una biblioteca antigua, no pudo evitar sentir como los nervios crecían en su interior al momento de sentarse en el lado donde se hallaban los que creían en la culpabilidad de los ninjas de Kiri. Tratando de calmarse, comenzó a ver el lugar con cierta curiosidad hasta finalmente centrarse en el que parecía ser el juez, en cierto punto el cabello blanco y la mirada dura daban a entender eso, y los lugares vacíos que estaban a sus lados ¿Quiénes se sentarían allí? No lo sabía, el tiempo se encargaría de responder esa pregunta.

Ante el resonar de las campanas del exterior las cosas comenzaron a ponerse en movimiento en el exterior hasta finalmente desembocar en la entrada de los acusados acompañados de sus carceleros. En unos segundos que parecieron eternos, estos se sentaron en el banco de acusados y sus guardias se colocaron atrás, dejándolos sin posibilidades de escapar. Ellos no fueron los últimos en entrar dado que minutos después Mitsuba, la Mizukage temporaria, aparecería acompañada junto con el líder de los espadachines de la niebla, al igual que el representante de los señores feudales. Observándolo por unos momentos, Adlet no pudo evitar pensar en aquella persona como su enemigo ya que era la parte que se encargaría de defender a los ideales y principios de los demás señores feudales del país del agua. Una vez que todos estuvieran dispuestos en sus lugares el juicio finalmente empezaría con las severas palabras del viejo juez. El shinobi de cabellos negros por su parte permanecería callado de ahora en más hasta encontrar el momento adecuado para poder aportar todo lo que sabía sobre aquel caso.

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Re: Evento Kiri; Condenados... ¿Por la gloria?

Mensaje por Ranpo Edogawa el Jue Mayo 18, 2017 4:43 pm

“El que a hierro mata, a hierro termina”, un dato de buena fuente dicen las malas lenguas. Los comentarios esa mañana no escatimaban con las suposiciones y conclusiones disparando para cualquier dirección, afectando a quién es y quién no es. Usualmente en situaciones así el más pendejo paga por inocente. Las acusaciones infundadas de los más incautos afectaron hasta la viejita que menos tiene que ver en el asunto. Y es que el rumor se esparció como una peste, lo que levantó como consecuencia una polarización extremadamente marcada dentro de la población civil y militar. La primera no fue tan grave, más allá de algunos alzamientos y protestas en la capital, pero el segundo…

Podría considerarse la opción de que el gran número de presentes en la pasada reunión que se llevó a cabo en el país extranjero agregó cierto riesgo de que este rumor, como sucede en este momento, se diera a conocer hasta en el más inmundo rincón del mundo. Nadie hizo reconocimiento, nadie evaluó verdaderamente las circunstancias que nos rodeaban más allá de los actos bélicos que se cometieron, y vaya que craso error el que cometieron. Ranpo, al que rara vez se le escapaba un elemento a considerar (particularmente tan importante como el que se mencionó anteriormente y porque el que estarían pagando justo ahora) no tomó en cuenta esa perspectiva, que ahora le atormenta en las frías noches en la prisión. Era una persona poco negativa y la verdad es que poco le importaban los hechos que acontecían, sabía que era pasajero. —¿Recuerdas cuando te hice mención de que no sabíamos lo que nos esperaba en aquel hermoso edificio donde se daría la fiesta? Creo que siquiera llegamos a imaginar este escenario en ese momento— dijo casi para sí mismo, pero lo suficientemente alto para que su compañero de celda escuchara. No dejaba de pensar en qué pudo haber salido mal que lo condujera a sentarse en una sucia cama de prisión, una prisión política única y exclusivamente arreglada para ellos, para los acusados de cometer el peor crimen de traición que existen en los estatutos de la región. —Acabo de ver una cucaracha amigo, ¿tienes hambre?

Estaba consciente, de una forma u otra que estarían buscándolo por los actos vandálicos del evento. Fue partícipe de ese poco civilizado comportamiento, pero que justificaba vehemente en su cabeza, habría sido en defensa propia. Por supuesto, esa sería su principal defensa ante las acusaciones, o mejor dicho, sería si de tan sólo actos vandálicos se le acusara. El conjunto de causas en sus hombros es suficiente para decapitar a mil hombres fácilmente y sin culpa. Quizá unos cuantos menos con una pena de muerte un tanto menos piadosa, y quién lo diría que Edogawa en ese instante de su vida pensaría que una muerte de ipsofacto se tomaría tan positivamente como clemencia. Meses atrás, no dudaría en asistir a su propio funeral como un espectro y gastarles bromas pesadas a las personas que limpian, porque los que deberían de estar ahí vivos acompañando sus restos en su muerte, estaban junto a él preparando las bromas pesadas en la otra vida. Irónico.  

Ahora no estaba tan seguro de querer acabar con su vida, pero estaba completamente inequívoco al pensar que no quería morir de esa manera tan deshonrosa. ¿Honor? You have to be kidding me. Sus ideas se desviaban y lo convincente de sus argumentos mentales se desvanecía al caer de cuenta que él si había asesinado a Tyrell. Y aunque extraño en él, no encontraba una justificación para lo que habría hecho más allá del dinero y la satisfacción de hacerlo. Y no sólo de hacerlo, sino de acabar con su vida de una manera tan sincronizada y perfectamente balanceada, demostrando y dejando en evidencia su incapacidad para defenderse a sí mismo mientras defiende a otros. Había otros, sí, y recordaba perfectamente el rostro de aquel joven Adlet, viejo conocido que el oscuro lograría salvar por los pelos y que luego no tendría más noticias sobre él. Su chakrá, era similar al de Ranpo y quizá, tal vez él era el motivo por el que el pelinegro arrojaba una mirada de asco a las ratas que intentaban acomodarse cerca de él en la habitación.

Esa mañana más temprano que tarde, por alguna razón su percepción de advirtió de una extraña sensación en el aire. El recibimiento en el puerto no fue el mismo, y probablemente habrá sido la ausencia de suficientes pesqueros en la zona, o la definitiva ausencia de los fiscales de las embarcaciones que debían permanecer en sus puestos a toda hora (por interés económico más que por oficio), pero estaba al tanto de que para él y para su compañero todo terminaría justo en ese momento. Dudo de si convertirse en lo que había combatido tiempo atrás, pero su cuerpo actuaba con convicción. De hecho, su mano derecha estaba a punto de tomar el escudo que yacía en su espalda para iniciar una riña que lo liberaría con seguridad, aunque insensato pues pondría en alerta a las máximas autoridades lo que podría causarle grandes inconvenientes a futuro. Esta vez, su acompañante y amigo de aventuras fue un tanto más rápido e inteligente, asumiendo el rol de mediador, consiguió mediante una mirada y un movimiento de manos indicando cese a la batalla, que este no liberara su armamento y se entregara pacientemente a la orden de sus captores, no sin antes arrojar su preciada arma, al cielo. Con su fuerza, este simplemente desapareció a la vista, y su paradero sería en este preciso momento un misterio, gracias a la peculiaridad de ser completamente indetectable.

«Por órdenes del alto mando, estoy en el deber de arrestarlos y llevarlos ante las autoridades para ser enjuiciados por el asesinato de nuestro Mizukage, así que les agradezco no se resistan y permitan que cumplamos con nuestro deber»

Capitán, espero esté consciente de que el día de hoy un ángel le sonrió. Mi amigo se levantó con muy buen pié y es por eso que en este preciso momento no está desgarrando su garganta mientras yo le pateo las posaderas a sus cooperantes —dijo en un tono un tanto irónico— cumpla con su deber como se le ordena, yo veré que hago con nuestras vidas una vez dentro del infierno a donde pretende llevarnos. Le agradezco me trate con gentileza, así nosotros los mataríamos a ustedes sin sufrimiento alguno.

Todo transcurrió con relativa tranquilidad. A pesar de las incomodidades que pudieron sufrir desde el momento en que fueron capturados hasta este preciso momento que se encuentran ingresando a la sala judicial donde serán enjuiciados por ese horripilante cargo y otros más. —¡INOCENTE! —gritó sin precedentes. —Oh, discúlpen todos, no fue mi intención asustarlos, sólo quería dejar en claro que nos declaramos inocentes.

«Todavía no es momento de declararse inocente, señor»

Yo decidiré cuándo deba declararme inocente, pelmazo. Estaba nervioso, increíblemente nervioso ante la situación. Su cuerpo y su rostro no reflejaban tal sentimiento pero su compañero estaría al tanto de su jovial comportamiento como una respuesta natural ante tal estímulo. El ingreso de las autoridades encargados de sentenciar su caso empeoró la crisis nerviosa, pero se relajó bastante cuando notó cierto aire de reto en la mirada de la acusación en persona. Un reto que no iba a rechazar y enfrentaría con todo su peso, y pondría todo su empeño en superar ese obstáculo, y ofrecería el cien por ciento de sus capacidades para destruir el muro que lo separaba de su plena libertad. —Empecemos.

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Re: Evento Kiri; Condenados... ¿Por la gloria?

Mensaje por Takeshi el Jue Mayo 18, 2017 7:06 pm

CondenadosPor la gloria?
Kirigakure Presente   X XX.

Y en un juicio se juzgaría a un par de hombres. Serian condenados por querer alcanzar la gloria. Por inmortalizarse. Por obtener lo que todos en este mundo buscamos... La gloria ¿no?


El destino de una gran pero pequeña nación sería decidido aquel día, que habría de comenzar como cualquier otro día de invierno en el país del agua. Lluvia por montones así también como de niebla y respectivamente frío, inundarían a toda la aldea dando los condiciones climáticas ideales para quedarse en casa, disfrutar una buena taza de chocolate caliente o quizás un café, acompañado de un bizcocho y/o cualquier tipo de comida dulce. Pero como se ha dicho anteriormente, este no era un día común y corriente, pues en aquel día se daría el Gran Juicio que toda la aldea esperaba por ver, en el que unos shinobis, de la mismísima aldea, es decir de Kirigakure No Sato, serían o mejor dicho eran acusados por el asesinato de la Sombra de la Niebla o Mizukage, como prefieran llamarle, Tyrell Gozbi, quien habría de fallecer hacía unos meses en el denominado "Baile Rojo" que había tenido lugar por las festividades en el País de la Tierra.

La forma en la que había sucedido los hechos en susodicho baile, y sintiendo que su sobrino había sido "traicionado", Okita Mitsuba, tía del anterior Mizukage, así mismo con la actual regente de la aldea, decidió arrestar a dos de los presuntos homicidas, quienes eran militares con prestigio en la aldea, Ranpo Edogawa, a quien el el varón ya conocía y con el que no se llevaba muy bien pues eran de personalidades opuestas, y el otro sería Chojuro Senju, alguien de gran prestigio en toda la aldea, no solo por su habilidad en el combate, sino que se trataba de uno de los miembros del afamado grupo los 7 Espadachines de la Niebla. Detrás de las acusaciones estaría la Mizukage regente así como el grupo de los Ten No So (Capas Celestes), ambos acusarían a los Feudales de estar involucrados con los acusados. Todo esto formo un escándolo en todo el país, tanto civil como militar. Los civiles por un lado se alzaron en múltiples manifestaciones, mientras que los militares se dividirían en dos facciones; los que apoyaban a los Capas Celestes y los que apoyan a los Feudales.

Sabiendo ya esto, es donde entra el joven pelirrojo, Takeshi Kamishiro, quien hacía un par de semanas sería convocado por el mismísimo Kensuke Yuki, Líder de los 7 Swordman, quien había seguido de cerca al varón y pudo ver el gran progreso que había tenido, desde sus entrenamientos así como misiones; por esta razón aquel hombre le ofrecería un lugar al varón en tan afamado grupo y le otorgaría una espada, la espada Shibuki conocida también como "Pulverizador".  Ante tal nombramiento, provocó que los feudales atrajeran al pelirrojo de su lado, pues este se había mantenido neutral referente a la situación y de esta forma tener una ventaja en caso de que las cosas salieran mal ¿Pero que cosas podrían salir mal? Después de todo era un simple juicio de lo que estamos hablando, eso sería lo que pensaría alguien cuando les hablaran, dijeran o comentaran sobre eso, sin embargo, la situación era diferente pues aquel juicio podría ser el detonante de una guerra civil o quizás no pasara nada, todo sería desvelado pronto.

El día en que se haría el juicio había llegado, el joven pelirrojo portando sus vestimentas habituales así con su querida espada, Shibuki quien estaría colgada en su espalda por un hilo trasparente. Llegaría al centro de la aldea con su porte erguido y su caminar lento pero elegante, observaría la gran concentración de personas, tanto civiles como militares frente al edificio que estaba justo a un lado del edificio del Mizukage. Por ser un juicio tan importante era de acceso cerrado, pues tanto los Capas Celeste, como la Mizukage interina temían un intento de escape por parte los acusados, así que también se limito las personas que podrían asistir; solo la élite y uno que otro aldea podría presenciar el juicio, claro esta que entre aquella élite estaría el pelirrojo. — Debo decir que es un honor conocerle, Takeshi -sama. Sin embargo, tengo órdenes de no dejar pasar a nadie con ningún tipo de objetos raros ni armas, así que lamento decirle que tendrá que dejar a su espada si desea ingresar — Diría un guardia que se colocaría frente al varón, impidiéndole el paso — No digas estupideces, quítate de mi camino y vuelve a tu puesto. Seguramente mientras pierdes el tiempo hablando conmigo  alguien con malas intenciones ya ha entrado en el reciento— Diría arrogante el varón para continuar con su caminar, llevándose al guardia por en medio, sin embargo, luego de pasarlo metería su diestra en su bolsillo para sacar un papel que dejaría caer al suelo — Ese es la autorización que me permite portar la espada en este "evento" — Diría con sin voltearse a ver al vigilante y continuaría su camino hasta pasar las grandes puertas de abedul.

El pelirrojo quedaría impactado tras cruzar el abedul, pues cruzadas estas se encontraría con un largo recinto rodeado de columnas cilíndricas de un color grisáceo. El techo de la sala, tenía un candelabro con varias velas encendidas en el círculo, y el cielo raso contaría con una magnífica obra de arte que mostraba un épica batalla en la que habían numerosos caídos, otros empuñaban espadas, guadañas, kusarigamas y algunos ninjutus. — Esto si que es una verdadera obra de arte — Continuaría su camino con lentitud, perplejo por la gran ejecución de aquella gigantesca obra para luego ver al final del corredor una pintura resplandeciente —¿Es acaso el primer Mizukage? — Quedaría perplejo unos minutos observando a aquella magnificencia que parecía tener vida. Continuaría su camino para cruzar otra puerta al final de la gran sala, parecida a la de la entrada pero un poco más pequeña. Tras estas vería bancas largas de madera oscura que desprendían un olor similar al de una biblioteca y que habían impregnado toda la sala —Vaya después de ver aquella preciosidad te ponen esto — Diría para sí mismo el varón un poco decepcionado para luego posicionarse en uno de los bancos ubicados a la izquierda en la que estaban sentados varios señores feudales, quienes le saludaron con amabilidad y que fueron correspondidos por el joven. Finalmente desmontaría a su Shibuki de su espalda y la colocaría en medio de sus piernas, para luego observar entrar a los acusados, que eran escoltados por un grupo de shinobis quienes los tenían restringidos con unas cadenas, luego entraría Mitsuba Okita, seguida del juez Kel’thuzad, Kensuke, el líder de los espadachines quien no se veía muy contento al ver ser juzgado a un miembro de su "equipo", también entraría Kanessada el Señor Feudal de mas autoridad en el país quien ademas, luego de las palabras del juez Kel’thuzad se expresaría a favor de los acusados y actuaría como defensor de estos.

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Re: Evento Kiri; Condenados... ¿Por la gloria?

Mensaje por Seijuro Akagami el Sáb Mayo 20, 2017 5:50 am

Tamaños bloques crisálidos de hielo se alzaban en el horizonte y el aliento del emperador visible se unía a la espesa neblina tan característica de la región que la sobrevolaba como un ancestro y fiero guardián dispuesto a protegerla de todo intruso, pero claro, Seijuro Akagami difícilmente puede ser considerado un intruso pese a la larga ausencia que siguió a la desaparición física del lobo sombra en el renombrado festival carmesí. Desde entonces su paradero es desconocido, lo cual a juicio de los incriminadores de capas celestes adjudicaba una pizca de culpa al susodicho – De vuelta en casa – Pensó en voz alta e inspirando una calma tan grande que incluso su más acérrimo rival político pensaría dos veces si en realidad es culpable de semejante crimen; Regicidio. Caminaba con naturalidad, una mochila gigantesca a su espalda y un artilugio de buen tamaño también, con forma de espada, aunque sobresalían escamas. Algo extraño si uno desconoce que es uno de los sables característicos de Kirigakure no Sato; Samehada ¿En cuánto a su obtención? Fue una de sus tantas ocupaciones durante su tiempo fuera de la aldea, había localizado al renegado poseedor de la susodicha, e ipso facto, se las arregló para quitársela. Una oportuna coartada, pero también un acto lleno de legitimacía si uno considera el orgullo que las sacras espadas llevan consigo una buena parte del orgullo de la aldea oculta entre la niebla, y que Akagami lo recuperó.

Entonces volvemos al espacio temporal que nos ubica en el arribo del pelirrojo, vestido como un viajero y no como el señor feudal que es ya era capaz de apreciar la fisonomía de Kirigakure no Sato asimismo su porte, su caminar, son distintos, se mueve como si todo aquello le perteneciera – Sí, sí. Ya lo sé. Están sobre mí – Hablaría ¿Al aire? Lo peculiar de aquella arma es que entra dentro de la categoría de ser vivo, y como tal, es capaz de advertir el peligro, lo cual comunicó de inmediato a su poseedor. Y este le respondió, carente de sorpresa o disgusto Seijuro levantó la mirada y también los brazos, tiró la mochila al suelo y de inmediato como sombras, numerosos sujetos con máscaras plateadas y sables aparecieron rodeando al jóven, que sería tratado como un fugitivo – No opondré resistencia alguna, llevadme – Prácticamente ordenó ante el desconcierto de aquellos que a lo mejor cataloga como colegas – Os ahorraré problemas, serviciales y orgullosos ninjas de Kiri. Debemos de trabajar por el bien común – Anunció, sonrío cargado con displicencia – Si levantamos las armas los unos contra los otros ¿que nos diferenciaría de los animales? – Agregó meditabundo y siguió el paso del cuerpo ANBU sin miedo o perturbación. A veces uno debe cumplir su rol, o al menos fingir que lo hace cuando la conveniencia obliga, después de todo en aquel juego de ajedrez no era la primera ni última jugada. Quedaban muchos pasos por dar. Y anteriormente se hubo asegurado de este, no fue una mera coincidencia que justo en aquel momento un mercader de otras tierras estuviese compartiendo el camino con el pelirrojo, y que este más tarde describiese la situación acontecida en las posadas de la aldea... un caballeroso individuo de largos cabellos entregándose voluntariamente a sus pares, sin ocasionar problema alguno, y recitando palabras propias de un caballero de armadura dorada.


Presente.


Desde aquel estrado tres siluetas aparecían erguidas en lo más alto, tan dispuestos a mover sus piezas para encamarse con el poder, tan diferentes como semejantes a los juzgados, en veredas opuestas los orbes de Seijuro observaban con atención abrumadora cada pequeño gesto que pusiera al desnudo la verdadera intención del 'jurado'... la atmósfera inspiraba la tensión que quería hacer mella sobre cada personajes – Es inusual que con tanto frío algunos estén sudando – Comentó en voz baja, casi inaudible, la mayoría iban impecablemente vestidos, entretanto Akagami iba recubierto con los harapos de un prisionero, el frío se colaba a raudales provocando una sensación de adormecimiento. Hecho provocado deliberadamente con el posible fin de humillarlo a él y su linaje, nobles contra espadachines, estos últimos poniéndose en la palestra daban un nuevo pisotón sobre los acérrimos rivales, o viéndolo desde otro punto de vista, tal vez la meta estaba puesta sobre la capacidad de auto-defensa del Jonin. Hipotermia, encierro, y aislamiento, prácticas comunes en la guerra.

Por supuesto que de todo lo negativo tiene su contraparte. Aquel aspecto era el de un mártir, y el obrar de la facción opositora reprochable... dependiendo del rumbo que tomase aquel juego podrían ser factores que jugasen en contra del ninja enjuiciado, o a favor. Si el juicio transcurre a favor del pelirrojo, que sirvió a Kirigakure con lealtad, recuperó la preciada Samehada y se puso al servicio de la justificada  ¿Que imagen tomarían los samuráis para la opinión pública? Si acaso ya se hubiese corrido el rumor en el pueblo que los enjuiciados estaban siendo torturados sin haberse emitido un veredicto ¿Cómo reaccionaría el ciudadano?

<< ¿Si el frágil equilibrio político fuese alterado, qué sucedería entonces? >> Manos que obraban en las completas penumbras, rumores de pueblo e historias de posadas que llegaban a oídos de todos, aquellas que quedan para quedarse y levantan tanto héroes como villanos.  

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Re: Evento Kiri; Condenados... ¿Por la gloria?

Mensaje por Nazaki el Sáb Mayo 20, 2017 8:25 am

 Hoy iba a ser un gran día para el pequeño ayudante de inspector. Hoy era el día dónde los "asesinos" del mizukage serian enjuiciados. Y como este formó parte de la investigación se le fue permitido estar presente a la hora de dicho juicio. Fue por eso mismo que se había levantado temprano y de lo ansioso que estaba se había derramado su café sobre la ropa. Este acontecimiento  de ultimo  momento lo había hecho entrar en pánico,  ya que esto no daba buena espina, solo rezaba porque nada sucediera dentro de ese lugar que seguramente estaría repleto de gente importante y de alto rango. Mientras que el joven aun gozaba de su corta vida y pensaba en las miles de formas que podría llegar a morir si lo sucediera en tal lugar. Ya era demasiado,  saber que estaría en la misma sala con quienes fueron capaces de asesinar al hombre mas fuerte de la aldea. ¿Quien seria capaz de detener a tales fieras si estás llegarán a intentar algo fuera de lo normal?. Nazaki sin dudarlo habría del lugar...mentira, peleará aunque le cueste la vida. Así de simple, por eso tiene tanto miedo de morir y que su historia se termine. Ya era hora de partir hacia el lugar establecido. El cual se situaba al lado de la torre del kage. El lugar estaba más transitado que de costumbre, la seguridad era mayor a lo que se podía ver a diario. Muchas cosas pasaban, habían muchos murmullos  ante la presencia de quien se habia apoderado del puestos de mizukage. Y con ella ocho presencias desconocidas que la acompañaban, eran un poco intimidantes y lo mejor seria no toparse con ellos. Podía observarse  de entre la muchedumbre a los responsables del crimen dirigirse dentro del lugar donde los esperaría el juez. Se mesclara entre la gente y se abrió paso hasta la puerta principal que lo separaba del majestuoso interior. Ya tenía una mano sobre la inmensa puerta pero algo no lo dejaba ingresar,  era el brazo de un ninja superior. 
Firme se paró ante el peliverde y exigía que se identificará para poder ingresar, debido a que, cualquiera no podía ingresar. Todo por motivos de seguridad. En ese momento Nazaki saco de su bolsillo una identificación que se le había asignado el mismo día que se le habían encargado formar parte de la investigación previa al juicio. El ninja de seguridad que lo había retenido, movió la cabeza y permitieron ingresar al pequeño inexperto que ahora se iba a hacer presente en uno de los momentos más cruciales para la aldea de kiri. Adentro, al final del salón se podía ver otra puerta igual a la que recién había atravesado,  pero de un tamaño reducido. Estaba más que seguro que esa sería la puerta que diera lugar la salón principal. Era una deducción al notar como todos los que habían quedado adentro ingresaban por ella. Por otro lado, del lado de afuera se podía ver claramente como eran separados por una clase de barrera que hacía que el lugar se convirtiera en una fortaleza  impenetrable, y más probable que sin forma de salir. Volviendo al camino del joven quien ya se había adentrado al recinto, lo primero que vio fue en el techo una magnífica pintura sobre lo que parecía ser una guerra ninja. Nuevamente se dirigió la final del camino y al adentrarse a la puerta que ahí se encontraba se vio sumergido en un espacio distinto. Aunque en realidad era un poco parecido al salón principal. Lo que captó la atención del peliverde fue ver al juez inmóvil esperando a que todo se hallará en orden para poder comenzar. Nazaki optó por no sentarse y decidió quedarce parado apoyado en una de las columnas del lugar, si era obligatorio por algun tipo de votación el sentarse del lado derecho o izquierdo no duraría en hacerlo. Pero claramente elegiría la culpabilidad. Según lo investigado para el, ellos lo habían hecho. Pero nada era cierto, por ahora. Podía verse claramente como eran suprimidos por una técnica de un famoso clan, la cual era una clase de cadena que los ataba. Si, había llegado un poco tarde y ya todo se encontraban ahí,  desde los Feudales hasta los importantes de la aldea. Y fue ahí cuando el juicio dio inicio. 

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